CUENCA

¡Hola a todos!

Vamos a por la cuarta entrega del viaje. Como os contaba en el post anterior salimos de Ciudad Real hacia la una del mediodía y estábamos llegando a Cuenca poco más de las tres.

Nada más llegar uno de los fallos que hice fue no buscar exactamente donde caía el hotel y me dio por cambiar mis planes, es decir, llevábamos buscado un parking gratuito, pero después de lo que nos costó aparcar en Córdoba, me dio como el miedo y decidí que aparcáramos en un parking que encontramos, mec error, no porque estuviera mal el parking sino porque nos tocó subir casi todo el casco antiguo a pie, y si ya habéis estado allí sabéis que las calles de Cuenca muy planas no son.

Así que sí, después de sudar y todo para llegar al hotel, nos dimos cuenta que el parking gratuito estaba a dos minutos, si llegaba, del hotel, así que cuando vimos que se vaciaba un poco de coches, porque en una cosa si acerté, es que estaba atestado de vehículos, sacamos el coche y lo subimos hasta el otro parking, qué por si os interesa se llama el parking de la calle larga, os dejo el link.

Una vez instalados en el Hotel Leonor de Aquitania, que con referencia al mismo tengo que decir que no será lo más actual posible, pero limpio y calentito estaba, porque no os imagináis que frescurri hace por allí. Después de instalarnos en el hotel fuimos a ver si picábamos algo para matar el gusanillo hasta la cena y de paso cogíamos un poco de energía para hacer turismo nocturno.

Yo os tengo que confesar que un poquito me decepcionó Cuenca, por varios motivos, ya de entrada nada más llegar tuvimos un pequeño encontronazo con un camarero en donde nos paramos a tomar algo, el hombre se ve que estaba cansado de servir gente pero su jefe nos sentó, luego encontré que los precios de los restaurantes eran bastante caros respecto a la calidad que ofrecían, y lo que hizo que acabara de desencantarme fue, que como sabréis a mi me encanta callejear y no ir sólo por las vías principales y encontré que era un pueblo, hablando siempre del casco antiguo, era muy viejo y que no había mantenimiento en sus edificios, esto último debe ser deformación profesional. Pero luego por lo demás os tengo que decir que me quedé con las ganar de estar un día más para haber podido hacer una ruta larga de las miles que hay para hacer caminado, con bici, corriendo, etc.

Catedral de Cuenca de estilo gótico
Cuenca desde el Mirador de Cuenca
Torre Mangana

Al día siguiente de nuestra llegada fuimos a visitar la Ciudad Encantada, llegamos justo a tiempo de coger la entrada con guía, la diferencia es 1€, debido a eso decidimos que mejor con alguien que nos fuera explicando, la verdad es que es una zona preciosa donde puedes desconectar de todo y reconectar con la naturaleza y en donde te das cuenta de lo pequeño que es el ser humano. Es asombroso lo que la naturaleza es capaz de crear.

Una vez acabada la visita volvimos a Cuenca donde fuimos a comer, que si os cuento la que nos pasó, buscando por Internet sitios donde poder ir a comer en todas las páginas nos salia como recomendación el restaurante que había en el mismo hotel, por lo que decidimos probar, cuando entramos el restaurante estaba absolutamente vacío y preguntamos si había mesa para almorzar, nos dijeron que sí pero después de hacernos una radiografía de arriba a bajo, íbamos vestidos con ropa deportiva, ya que habíamos estado caminando toda la mañana, después de sentarnos, pedimos y notábamos como que nos aceleraban los tiempos para que acabáramos pronto. No sé si alguna vez os a pasado pero a mí me dio mucha rabia, perfecto no iba de tiros largo pero ellos no saben quien soy, si me puedo gastar más o menos. No sé me dio la sensación que como que trataron como que no podíamos pagar la comida, pues también os diré que un entrante, dos plato principal, dos postres, cafés y de bebida agua y una caña fueron ochenta y tantos euros y ni el pescado ni carne eran para tirar cohetes.

Así que si algún trabajador de la restauración me lee, por favor no juzgar por como unos comensales pueden ir vestidos, no sabéis de donde vienen, y más en Cuenca que la gente suele ir hacer senderismo porque hay miles de rutas.

Después de comer fuimos hacer una de las rutas, o mejor dicho lo intentamos porque creo que al final hicimos la que nos apetecía sin seguir ninguna en concreto, básicamente dimos la vuelta a cuenca, empezando por la parte de arriba, dónde está el parking gratis, y acabamos en el puente de San Pablo.

Esta segunda noche bajamos a la “Cuenca Nueva” a cenar para ver si era un poco más barato y ver que oferta había, pero la conclusión que extrajimos es que es un ciudad un pelín cara, por lo menos para lo que yo me esperaba, tal vez no investigué en profundidad.

Al día siguiente pusimos rumbo a Teruel, dónde sí que pasamos frío de verdad. Pero eso os lo contaré en la próxima entrada.

¡Hasta pronto!

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